Sí, tienes permiso para sentirte enojado


 

Nota del editor: Este artículo fue originalmente publicado en Dulcesitosparami.com blog personal de Mariana Gómez.

Agradezco a Vero Rubio por la invitación a la entrevista que fungió como motivador para esta nota.

Sobre nuestras emociones: ¿qué es el enojo?

Primero tendríamos que empezar, por hablar de nuestras emociones. Incluso sin tener una definición de diccionario, o de enciclopedia todos sabemos y hemos experimentado diferentes emociones. En algunas fuentes se habla de 6 emociones básicas pero un estudio publicado en Proceedings of national Academy Sciences por Alan S. Cowen y Dacher Keltner de la Universidad de California nos habla de 27 emociones.

Cuando hablamos con nuestros colegas psicólogos podemos encontrar que hay muchas y diferentes formas de clasificar y explicar las emociones. Si bien hay diferentes enfoques, escuelas y tipos de intervención, en lo personal me gusta pensar a la psicología, específicamente cuando realizamos nuestra labor para ayudar a otros como una disciplina que tiene capacidad de adaptarse, moldearse y tomar diferentes conceptos y estrategias de diferentes enfoques y escuelas y creo que eso pasa también cuando definimos algunos conceptos.

Explicando la naturaleza de las emociones

Hay, digamos, dos formas de explicar la naturaleza de las emociones. De acuerdo con una de las teorías que hace más énfasis en lo cognitivo las emociones pueden ser juicios sobre lo mucho que una situación satisface nuestras metas. La felicidad por ejemplo es la evaluación de que nuestras metas son satisfechas como cuando ganamos la lotería. La tristeza es por ejemplo la evaluación de que nuestras metas no están siendo satisfechas y el enojo puede ser en este enfoque algo así como lo que está bloqueando nuestro camino para alcanzar estas metas.

De acuerdo con otros estudiosos como James Lang y sus colegas las emociones son más bien percepciones en nuestro cuerpo, vaya cambios fisiológicos donde incluyen el ritmo cardiaco, la forma en la que respiramos y algunos niveles de ciertas hormonas. En este tipo de teorías el enojo y la tristeza son más bien reacciones mentales a ciertos estados fisiológicos.

Y claro, hoy sabemos que hay una muy estrecha relación entre las emociones y lo que pasa en nuestro cuerpo y, cuando vivimos con diabetes hay situaciones en las que esta relación directa es muy pero muy evidente.

Algunos pensamos que no hay emociones buenas o malas aunque ciertamente me responderías oye Mariana pero yo no me siento bien cuando estoy enojado o no me siento bien cuando estoy triste y tienes toda la razón hay emociones que nos hacen sentir bien y otras que nos hacen sentir mal o menos bien quizá pero no podemos siempre asegurar que son absolutamente malas, de hecho, si nos preguntas a quienes gozamos leyendo al respecto, todas las emociones y las respuestas fisiológicas de las mismas tienen una razón de ser y por eso aprenderlas, expresarlas adecuadamente y usarlas favorablemente es una de las tareas más difíciles pero más importantes.

El enojo es una de las muchas emociones y es un antagonismo versus algo o alguien que sientes que te ha hecho daño. Como cada uno de nosotros somos tan pero tan distintos habrá cosas que a mi me hagan enojar y que a ti no y al revés.

El enojo es uno de los muchos estados emocionales que tienen variación en intensidad y que van desde malestar moderado hasta la furia. Como muchas otras emociones se ve acompañada de cambios fisiológicos y biológicos.  Puede ser ocasionado, como otras emociones por factores externos o internos. Puedes estar enojado con una persona, con un evento, o con un recuerdo.

Las implicaciones tiene el enojo conmigo y mi salud mental

Bueno, la respuesta no es tan sencilla y la pregunta es tremendamente complicada. Digamos que dependerá de diferentes factores entre ellos y principalmente la causa y la intensidad.

La forma en la que automáticamente algunos expresamos enojo es respondiendo agresivamente. Sentimos la necesidad de defendernos y esa es una respuesta adecuada. El enojo puede verse como una respuesta natural y adaptativa ante una amenaza.

Al enojarnos se presentan estos cambios fisiológicos y biológicos. Liberamos hormonas entre ellas la adrenalina y cortisol que nos prepararán para pelear, defendernos y en el sentido más primitivo, sobrevivir. Claro que, no siempre es necesario pelear para sobrevivir y por eso es que debemos ser cuidadosos en la intensidad.

Mi salud mental es un armario donde hay diferentes cajones donde caben diferentes emociones. Necesito que las emociones que yo considero hacen bien en mi vida, y mi ejemplo personal es alegría tengan más peso que emociones que no me hacen sentir bien como tristeza y enojo.

Sin embargo muchas veces encontramos cosas positivas por ejemplo la motivación de trabajar para pelear o abogar por ciertas causas cuando estamos enojados. Para hablar y defender injusticias, para defender a alguien del bullying, para alzar la voz ante gobernantes corruptos, vaya se me ocurren muchos ejemplos. La implicación que tiene el enojo en ese caso a la larga podría ser generador de una motivación importante.

¿Y si nuestro enojo es porque vivimos con diabetes?

Bueno, ¿no enojarnos cuando somos diagnosticados con algo que no conocen y que nos saca de rutina y armonía? ¿Será eso posible? No me gusta, me duele el pinchazo, me enoja. Son expresiones frecuentes y válidas, como todas las emociones. Tenemos aquí dos opciones, encerrarnos y seguir enojados o usar ese enojo digamos para aprender. Me choca, estoy enojada pero voy a aprender mucho para ser YO quien decida.

Tenemos que dejar de pensar que debemos prohibir emociones que generan un sentimiento displacentero en nosotros. Tenemos permiso de enojarnos, tenemos permiso de sentirnos tristes, tenemos permiso de estar felices, tenemos permiso además de expresarlo. Ahora bien, el cuidado que debemos tener es justamente en la forma de expresarlo y es lo que a las personas nos cuesta más trabajo y también quizá aprender a identificar cuando estamos demasiado enojados y necesitamos ayuda. Necesitar ayuda es parte de ser humanos.

Expresar nuestro enojo

Expresar: todos tenemos derecho a expresar nuestro enojo. Eso no significa que tengamos derecho ni permiso de herir a los demás pero tenemos permiso de expresar lo que nos molesta. Es difícil eso es innegable. No pegar de gritos cuando te sientes agredido o cuando una amiga o amigo hacer algo que para ti es imperdonable es difícil pero, expresarte en un tono asertivo “quiero platicarte sobre algo que me enojó” es siempre un buen paso.

Guardar: Personalmente no creo que guardar o archivar cualquier emoción no es totalmente bueno pero, imagínate un escenario donde alguien dijo algo muy hiriente sobre tu condición de vida, vaya tenemos que platicarlo honestamente, la verdad es que pasa con frecuencia, en esos casos lo mejores es guardarlo, convertirlo y redirigirlo. Guardarlo para almacenarlo eternamente ahí no tiene siempre resultados positivos y puede convertirse en enojo hacia nosotros mismos.

Calmar: No refiriéndonos al cálmate po favo y calmar nuestra respuesta externa sino quizá empezando por la interna. Respirar profundo, estirar los brazos, bajar el tono de nuestra voz.

Mi propio terapeuta que es un maestro (porque además logra lidiar conmigo) alguna vez me puso una tarea. Veo mi glucosa en mi reloj pero, qué tal si cada vez que sintiera que estaba muy enojada veía además si había una respuesta en mi ritmo cardiaco. Para mi sorpresa fue así y la siguiente vez que sentí que empezaba a enfurecer logré respirar profundamente antes de decir algo de lo que seguramente me arrepentiría muy rápido. Estos pasos que parecen insignificantes pueden hacer gran diferencia.

Unos consejos personales

1. Evita el juego de la comparación: Si tú estás triste, de nada te sirve comparar tu situación actual con la de otra persona que aparenta llevar una vida más feliz. En el cuidado de nuestra diabetes todos somos individuos y organismos distintos. No comparemos nuestros logros y tampoco nuestros tropiezos. Aprendamos mejor del otro, de su experiencia y compartamos la nuestra.

2. No te obligues a estar alegre: Querer sacudirte a fuerza la tristeza no siempre tiene el efecto deseado. Permítete estar triste de vez en cuando (no diario ¿eh?). No hay nada de malo en estar triste. Platícalo con tu mejor amigo, con tu familia o con otros miembros de la comunidad verás que no eres el único que se siente triste de vez en cuando y quizá encuentres un muy buen consejo. .

3. Mira este mal momento como un clima chiflado. Las emociones tienen algo en común con el estado del tiempo. Son cambiantes. Un día hace sol; otro, llueve. Así nuestras emociones. Considera a la tristeza y al enojo como algo temporal. No pueden estar ahí por siempre.

4. Distrae tu mente. Normalmente te sugeriría salir de paseo pero en tiempos pandémicos hay que adaptarlos. Qué mejor vista que la naturaleza si te es posible.  No puedes salir de paseo? Qué tal algo de ejercicio, si lo sabrá mejor Vero que yo, el ejercicio tiene este efecto benéfico.

Hay mucho que platicar sobre enojo, hablar con alguien no es una sugerencia descabellada ¿o si? Poder desahogarte y analizar tu situación de un modo distinto puede ser una gran ayuda. Además en la comunidad de diabetes quizá hoy compartas ese sentimiento con otra persona y ¿qué tal que dando un consejo descubres uno muy bueno para ti?

ESCRITO POR Mariana Gomez, PUBLICADO 01/07/21, UPDATED 07/13/21

Mariana es psicóloga y educadora en diabetes. Es la creadora de Dulcesitosparami, uno de los primeros espacios en línea para personas con diabetes Tipo 1 en México. Es coautora del libro infantil “Había una vez una diabetes” junto con Eugenia Araiza y es cofundadora de Diabetes and Co, una plataforma en línea de educación en diabetes en español. Actualmente, Mariana es Directora de Mercados Emergentes en Beyond Type 1. Ella fue diagnosticada con diabetes Tipo 1 hace más de 30 años. Es mamá de un adolescente.